En la versión de un mes del curso “Libro álbum y salud mental. Descubrir la voz perdida”, impartido por Silvia García Esteban en El Sitio de las Palabras, las y los participantes han trabajado la relación entre literatura, mediación lectora, escucha y acompañamiento.
A partir del libro álbum como territorio sensible, el curso propone pensar la figura del mediador o mediadora como alguien que cuida un espacio que se comparte. Eso implica que la palabra aparezca sin ser forzada, que cada voz encuentre su propio ritmo, que se respeten también los silencios, para que la lectura, finalmente, se convierta en una forma auténtica de vínculo.
El trabajo de Ana Franco
El trabajo que presentamos a continuación fue realizado por Ana Franco, alumna del curso. En él, Ana dialoga con el álbum “Una pequeña semilla” (Akiara Books), de Mar Benegas y Neus Caamaño, para pensar la mediación lectora desde imágenes como la tierra, la semilla, el crecimiento, la espera y el cuidado.
Sobre el texto de Ana, Silvia señala:
“El escrito de Ana refleja muy bien, con mucha belleza y con una profundidad impresionante, todo lo que tiene que ver con la figura del mediador: la horizontalidad, el acompañamiento respetuoso, el no situarse desde un lugar jerárquico, el acompañamiento frente al adoctrinamiento. Es una reflexión muy potente, que encaja profundamente con lo que proponía en el curso sobre la figura del mediador y sobre cómo debe colocarse frente a las personas que acompaña”.
Su lectura sensible nos permite ver cómo un álbum puede abrir preguntas profundas sobre la presencia, el deseo, la escucha, la horizontalidad y la construcción de espacios seguros.
Una lectura sensible, desde la figura del mediador, sobre el álbum “Una pequeña semilla”
Uno de los libros-álbumes que para mí evocan algunos aspectos de la figura del mediador sobre la que hemos trabajado es “Una pequeña semilla”, con texto de Mar Benegas e ilustraciones de Neus Caamaño, editado por Akiara Books.
En “Una pequeña semilla” encuentro los siguientes nexos de unión con diferentes aspectos de la figura del mediador:

Cuidado del vínculo, ofreciendo un espacio seguro
En este libro-álbum, tanto el suelo como el medio aéreo simbolizan el cuidado del vínculo, un espacio seguro en el que la dinámica vincular entre el suelo y la semilla, el suelo y las raíces o el medio aéreo y la parte aérea de la planta que llega a ser árbol, se mantiene a lo largo del tiempo. Tiempo necesario para el establecimiento del vínculo, para su desarrollo y para compartirse.
Horizontalidad

El suelo puede simbolizar la figura del mediador, aportando un entorno nutritivo, delicado y acogedor desde la calidez de la tierra. El suelo comparte agua, nutrientes, microorganismos del propio suelo que cooperarán en el desarrollo de la planta, materia orgánica que regula la temperatura interna del suelo, intercepta la luz del sol y la transforma en calor acogiendo la vida que habita en su oscuridad.
“Había una pequeña semilla sobre el suelo. Llegó la lluvia y la mojó. Llegó el barro y la cubrió. Llegó el frío y la durmió”.
La palabra latina humus, que significa “tierra” o “suelo”, se relaciona etimológicamente con la palabra humildad (humilitas), que significa “lo que está cerca del humus, pegado a la tierra”, sin elevarse por encima de los demás, posición desde la que es clave situarse como mediador con respecto al saber y a la voz de los demás miembros del grupo de lectura. Del mismo modo, la materia orgánica del suelo se mantiene pegada a la tierra, sin elevarse sobre ella.

Así, el suelo dialoga simbólicamente con la semilla primero y más tarde con las raíces de la planta que, navegando hacia las nubes, acabará siendo un árbol de gran porte. Así, el agua del suelo, su temperatura, su aireación, invitan “al despertar” de la semilla que sale entonces de su fase “durmiente” en la que había entrado hasta dar con un contexto favorable para su germinación. “Había una pequeña semilla que se despertó con la lluvia fresca y el sol de la primavera.”
Y, a su vez, la semilla, que puede simbolizar la figura de un participante en el grupo de lectura, también dialoga y nutre al suelo y a las diferentes formas de vida que habitan en él, cambiándolo desde la emergencia de su raíz a través de la liberación de diferentes moléculas, facilitando el establecimiento de una comunidad de microorganismos con los que coopera, transformando el suelo química (función) y físicamente (estructura) y favoreciendo el movimiento del aire en su interior.
“Debajo del mantillo, enterradas, la vida y la semilla se agitaron”.
Este diálogo entre el suelo y la semilla, la semilla y el suelo, se desarrolla mientras se preservan sus límites, su coherencia interna y sus propias voces: la semilla sigue siendo semilla y el suelo sigue siendo suelo.
Así, surge algo nuevo, tras la lluvia fresca y la agitación de la vida, dentro y fuera de la semilla, en el suelo…

La semilla cambia, se moviliza internamente, despliega lo que sabe hacer, se diferencia, explora, se comunica desde su singularidad… Cada planta en desarrollo explora diferentes caminos, sigue diferentes direcciones impulsada por los procesos que sostienen la vida simbolizando el deseo. En el suelo hay lugar para todas ellas, del mismo modo que hay lugar para todos los participantes que deseen asistir a los clubes de lectura.
El suelo no impone ningún ritmo concreto sobre el desarrollo de la planta, del mismo modo que el mediador no fuerza ningún tipo de participación concreta en los participantes: pueden estar, entrar, salir, compartir, dormir, escuchar…
El suelo recibe las sustancias liberadas, compartidas por la planta a través de su raíz incipiente que se comunica con él, cambiando, transformando y preservando al suelo. Así, el suelo aprende de la planta, “de lo que quizá la planta no sabe que sabe”, del mismo modo que el mediador aprende de las y los compañeros que participan en el club de lectura, y con ello, también surge algo nuevo en él.
El cuidado de los vínculos

“Había una pequeña semilla que rompió su cáscara. Despacio, un hilito blanco se abrió paso. Necesitaba salir a buscar el sol y el viento, conocer lo que vivía arriba”.
“Había una pequeña semilla que todavía no era nada. Por eso empujó y empujó, hacia arriba y hacia abajo. Y fue un diminuto brote que un día, por fin, rompió la tierra y se asomó al mundo”.
“Había un árbol que se llenó de ramas, y sus ramas se llenaron de hojas, insectos y pájaros. Y pronto lo habitaron las ardillas. Así se convirtió en un gran árbol lleno de vida”
Esta parte de la historia narrada en “Una pequeña semilla” podría reflejar la red vincular tejida a lo largo de varias sesiones del club de lectura. A lo largo de ese tiempo compartido en ese espacio cohabitado, el sol, el suelo y la atmósfera mostrados en el libro podrían representar los cuidados de los vínculos, cuidados que acompañan el crecimiento dirigido internamente por la planta, desde su deseo y su sentido de agencia.
Desde la pertenencia a esta red vincular tejida democráticamente, con la palabra, la literatura, la mirada y la escucha como nutrientes que vehiculizan la justicia narrativa retornada a la propia voz de los participantes del club de lectura, se acompaña una especie de transición. Transición desde su posible autopercepción de invisibilidad e inmovilidad, de no saber, transferida por miradas y voces hostiles que colonizan múltiples contextos familiares, sociales y profesionales que hayan aplastado su voz, como la voz de tantas personas con sufrimiento psíquico severo, hacia la presencia que habita el espacio desde su propia subjetividad como eje central y dentro de una red de pertenencia a diferentes comunidades de las que, poco a poco puedan, ir formando parte nuestras compañeras y compañeros del club de lectura.
El tronco del árbol maduro podría simbolizar la reconexión con la propia subjetividad de cada compañera y compañero del grupo como eje central de su presencia. Las raíces subterráneas ramificadas y las ramas de la copa del árbol podrían representar el lenguaje que teje diferentes visiones y relatos legítimos sobre el mundo. Los pájaros, ardillas, ratones, libélulas y microorganismos que se relacionan con el árbol podrían simbolizar las diferentes comunidades que constituirán redes de pertenencia.
Las últimas páginas…

Al pasear colectivamente por las últimas páginas de la historia, preguntaría a los participantes:
—“¿Qué representa para vosotras y vosotros la imagen del árbol que ha alcanzado un gran porte, ocupando más de dos páginas en el libro, en el que también se ven diferentes animales y frutos?”
Finalmente, compartiría que, para mí, el suelo, los animales que se posan en sus magníficas ramas o en su tronco, que se acercan a sus frutos, pudiendo observar incluso heridas mostradas en el cuerpo del árbol como parte visible de su historia de vida, acompañan al árbol con su presencia, aprenden junto a él, valoran como un tesoro su saber, tras haber tejido entre todos ellos, conjuntamente, un refugio colectivo que persiste, en momentos de luz y en momentos de oscuridad.
Otras posibles preguntas a compartir con los compañeros del grupo de lectura:
—“¿Qué significa para vosotros que un pájaro decidió construir su nido en el árbol?”
—“¿Cómo llegó aquella semilla a esa zona del suelo?”
—“¿A quiénes podrían representar la lluvia, el barro, el frío o el sol?”
—“¿Qué podría representar la imagen ‘dormir todo el invierno’?”
—“¿Qué podría simbolizar la expresión ‘descubrir lo que vive debajo’?” —“¿Qué sucedió para que la semilla entrase en su fase durmiente?”
(Trabajo de Ana Franco para el curso “Libro álbum y salud mental. Descubrir la voz perdida”, mayo 2026).
Sobre el libro “Una pequeña semilla”
“Una pequeña semilla“
Texto: Mar Benegas
Ilustraciones: Neus Caamaño
Editorial: Akiara Books
Un álbum poético y delicado sobre el tiempo, el crecimiento, la espera y la vida que se abre paso. Una lectura especialmente sugerente para trabajar la escucha, el acompañamiento, los procesos personales y la construcción de vínculos desde la mediación lectora.
Puedes encontrar este libro en nuestra librería virtual.
Sobre el curso “Libro álbum y salud mental. Descubrir la voz perdida”
Si te interesa profundizar en la relación entre libro álbum, salud mental y mediación lectora, mantente atenta a nuestras redes: próximamente compartiremos nuevas fechas del curso “Libro álbum y salud mental. Descubrir la voz perdida”, de Silvia García Esteban, tanto en su versión breve como en su versión extendida.
Mientras tanto, puedes consultar aquí toda la información del curso.
Agradecemos a Ana Franco por compartirnos su maravilloso trabajo y a su profesora, Silvia García Esteban, por generar estas instancias de enseñanza y aprendizaje sobre mediación lectora, literatura y cuidados.






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