El arte de musicalizar poesía (o de venir de los pájaros cantores)

¿Qué significa musicalizar un poema? ¿De dónde surge esa necesidad de llevar un texto nacido para la página al territorio del cuerpo y del sonido? ¿Comparten la poesía y la música un mismo origen o es ese cruce una invención posterior, cultural?

Hay una teoría preciosa y profundamente reveladora que propone que la parte melódica del habla humana podría derivar del canto de los pájaros. Que antes de la sintaxis, antes del significado, antes incluso de la palabra, hubo canto. Que el lenguaje nació como una forma de música. Desde esa perspectiva, la música no sería un adorno ni una disciplina paralela, sino una estructura originaria del pensamiento humano. Así, no hablaríamos ya de algo que hacemos, sino de algo que somos: humanos o pájaros cantores.

Tal vez por eso, cuando un poema se musicaliza, no sentimos que se traicione su esencia, sino que regresa a una casa antigua, a una forma de decir que estaba allí desde el comienzo.

Una conversación entre música y poesía

En JALEA’26, las Jornadas de Animación a la Lectura, la Escritura y el Arte, que inician ya la próxima semana (del 6 al 8 de febrero del 2026) en La Casa del Lector, Madrid, ese gesto ancestral y contemporáneo a la vez, que es el acto de musicalizar poemas, se vuelve material de trabajo en el taller de poesía musicalizada impartido por Mar Benegas, escritora, poeta y Premio Cervantes Chico 2022, y Sheila Blanco, compositora y periodista. Dos miradas distintas, pero profundamente complementarias.

Cuando les pregunté si creían que la poesía y la música compartían un mismo origen, Sheila respondió desde un lugar claro y esencial: “Supongo que sí. Como todas las Artes, creo que su origen es la necesidad de las personas de expresarse”. Y añadió una verdad sencilla y, por tanto, profunda para quien sea capaz de ver: “La música es poesía sin palabras y la poesía siempre tiene su propia música interna”.

Mar llevó esa misma pregunta hacia un territorio más hondo, casi biológico: “Ambas se alimentan del misterio y el ritmo. El misterio primero, el que nos hace humanos y vivos: el latido del corazón, podría ser el origen de ambas y lo que tienen en común, sin duda, ese repiqueteo que nos hace humanos y que nos acompaña, es el ritmo primero que acompasa el lenguaje y las nanas, las primeras canciones”.

Foto

En la fotografía: Mar Benegas, poeta, escritora y Premio Cervantes Chico 2022

En las palabras de Mar aparece una idea fundamental: el cuerpo como origen del lenguaje, el latido como primer compás, la nana como primer poema. Mar lo dice con la lucidez de quien visita con frecuencia el terreno de lo poético: “No hay poesía sin ritmo, no hay música sin ritmo, y las dos, música y poesía, beben del misterio primordial: la vida y ese tamborcito que nos acompaña. Creo, sinceramente, que sí, que se habitan mutuamente”.

Desde esta mirada, musicalizar un poema no sería ponerle música “encima”, sino activar algo que ya habitaba en su interior.

La musicalización, entendida así, se parece mucho a una traducción: no copia, no reproduce de forma mecánica, sino que interpreta, relee, reencuadra. Cada poema llevado a la música es una lectura concreta, situada, histórica y sensible de ese texto. No es el poema “tal cual”, pero tampoco deja de serlo. Es el poema atravesado por otra semiosis, por otro sistema de signos. El poema transformado en un nuevo modo de existir.

Foto

En la fotografía: Sheila Blanco, compositora y periodista.

Sheila describe ese proceso desde la práctica de su maravilloso trabajo compositivo, ese hacer cotidiano que tanto admiramos quienes la seguimos: “El proceso de creación siempre comienza diciendo o declamando el poema en voz alta y dejando que el ritmo se acomode plenamente”. Me emociona la palabra “acomodar” que ha usado Sheila para describir el proceso, “acomodar” como ese animal pequeño que se acurruca hasta encontrar el hueco perfecto donde descansar. Así parece que las palabras del poema se acurrucan en el corazón de Sheila, hasta descansar en ese ritmo que, reposado, llega. Primero es la voz, el aire, la respiración. Luego, la búsqueda: “Después me ayudo mucho de la improvisación vocal, con mi grabadora encendida. Improviso melodías e intento expresar en ellas las emociones y sensaciones que me transmiten las palabras, los versos”.

Aquí inicia ese milagroso proceso de “traducción”: el poema ya no es solo texto, se ha transformado. Ahora es materia hecha de palabras, sonidos, afectos, ritmo y cuerpo. Y cuando la melodía aparece, Sheila continúa: “… cuando tengo la melodía, que para mí es la protagonista junto al poema, me siento al piano para descubrir su armonía”.

“Descubrir” es otra bella palabra, pues da cuenta de un proceso abierto, en el que la artista se deja llevar por el poema y sus formas, en un estado de entrega y de búsqueda. De exploración interna. Todo se conecta dentro suyo, nada está separado. Nada manda sobre lo otro. Palabra y música se escuchan mutuamente.

Le pregunté qué busca primero en ese proceso: ritmo, imágenes o sentido. Y su respuesta fue reveladora: “Todo el proceso lo siento bastante coral. El sentido creo que es lo que condiciona todo”.

Esto conecta de forma directa con las teorías que entienden la musicalización como un acto hermenéutico. Cada decisión musical, ya sea de tempo, tonalidad, repetición o silencio, produce sentido, lo amplifica o lo desplaza. La música dialoga con el poema, lo resemantiza, lo vuelve a decir desde otro lugar.

Mar habla de esto desde su propia escritura, poniendo el foco en el ritmo y el silencio como arquitecturas del poema: “El silencio, la elipsis o el lugar que ocupa el verso en la página genera un ritmo”. Y más adelante afirma algo que atraviesa todo este trabajo: “Ambos ofrecen, en su territorio, un espacio para que la lectura, el verso, el poema, construya su misterio”.

El misterio aparece de nuevo. Esa dulce pregunta, el espacio de resonancia, aquello que no se cierra del todo, que no tiene una única interpretación y que, por lo mismo, permite que siga vivo y creciendo en cada uno de nosotros.

Mar lo deja claro: “Sin misterio, sin ritmo, sin música… no hay poesía”

Cuando les pregunté qué dirían la poesía y la música si pudieran conversar, Sheila imaginó un intercambio generoso: “Supongo que la Poesía le dedicaría un poema a la Música y esta respondería con una melodía inspirada en ese mismo poema”.

Mar, en cambio, habló de una conversación permanente: “Yo creo que tienen esa conversación de forma infinita y continua. Se hablan en secreto, se susurran cuando el viento mueve las hojas, pero también a gritos cuando el aire agita las olas furiosas”.

Esa imagen del aire como elemento compartido es clave. Porque tanto el poema como la música necesitan del aire para existir, para llegar al otro, para hacerse comunidad.

La poesía y la música se encuentran en JALEA’26

En JALEA’26, Mar Benegas, el domingo 8 de febrero a las 9:30h nos guiará por un viaje hacia la literatura, la poesía y la reflexión escrita por mujeres en su preciosa conferencia titulada “Siete autoras bordando estrellas”.

Por su parte, el viernes 6 de febrero a las 20h, Sheila presentará su recital concierto “Cantando a las poetas iberoamericanas”, donde musicalizará textos de Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Magda Portal, Dulce María Loynaz, María Mercedes Carranza o Sor Juana Inés de la Cruz, junto a algún poema canción personal. A través de este espectáculo nos permitirá acceder a voces de mujeres que, tal vez, nunca antes habíamos escuchado (o leído, o sentido, o vivido).

Sobre esta experiencia, Sheila comparte: “Estoy muy ilusionada por compartir los talleres que imparto junto a Mar Benegas, a la que admiro desde hace años, y por poder compartir estos nuevos poemas musicados con los que deseo recuperar las voces de algunas de mis poetas iberoamericanas favoritas en un entorno tan propicio para ello”.

Quizás ahí esté el punto más importante de todo lo que hemos visto hasta aquí: musicalizar poesía es un acto de escucha profunda, un gesto que reconoce que el poema no es un texto cerrado, sino una materia viva que puede volver a decirse, volver a cantarse, volver a vibrar. Un pequeño ser que puede volver a nacer múltiples veces.

Y en ese volver, en ese tránsito de la página al aire, algo se transforma en el poema, pero también en quienes lo escuchamos.

¡Quiero ser parte de la aventura JALEA’26!

Si este artículo te ha abierto el apetito poético-musical y quieres asistir al recital concierto de Sheila Blanco, “Cantando a las poetas iberoamericanas”, escuchar la conferencia de Mar “Siete autoras bordando estrellas” y asistir al taller de poesía musicada que ambas impartirán, matricúlate aquí.

Si quieres echar un vistazo al programa completo de JALEA’26, revísalo aquí.

¡No te quedes fuera de esta preciosa y enriquecedora aventura que es JALEA’26!

2 Comentarios

  1. Patricia

    Qué bello el diálogo entre poema, música, naturaleza, comunidad e interioridad!!

    Responder
    • Paula Loyola

      ¡Qué alegría saber que te gustó el artículo! Gracias por leer.

      Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Artículos relacionados

Un pequeño rincón del asombro: cinco libros infantiles encontrados en París

Un pequeño rincón del asombro: cinco libros infantiles encontrados en París

Se acaba el verano y nos llega la nostalgia, esa estela suave de los momentos vividos. El verano, en el mejor de los casos, significa tiempo. El tiempo que nos faltaba y que deseábamos tanto. Tiempo para nosotras, para los nuestros, para mirar, para dejar de vivir en...

¡No te pierdas ni una palabra!

Si quieres saber de primera mano cuando abrimos la matrícula para un nuevo curso, o albricias, ese último libro que estabas buscando, suscríbete y tendrás todas nuestras novedades directamente en tu e-mail. 

Carrito El Sitio0
Aún no agregaste productos.
Seguir viendo
0